Logopedia y ortodoncia: cuándo pueden complementarse

Guía de Izarra Ballesteros, clínica dental en Valdepeñas ·

Dentista revisando la boca de una paciente joven que se mira en un espejo de mano

La ortodoncia corrige la posición de los dientes y la forma en que encajan al morder. Pero los dientes no se mueven solo por los aparatos: la lengua, los labios y la forma de respirar ejercen fuerzas sobre ellos todos los días, muchas veces al día. Cuando esas fuerzas no están equilibradas, pueden influir en cómo se colocan los dientes y en si se quedan donde la ortodoncia los ha llevado.

Por eso, en algunos casos, el ortodoncista recomienda trabajar en paralelo con un logopeda. No es algo que necesite todo el mundo, y saber cuándo conviene es justo lo que aclara una valoración conjunta.

Qué aporta cada profesional

El ortodoncista: la posición de los dientes y la mordida

Estudia cómo están colocados los dientes y los maxilares, cómo encaja la mordida y qué movimientos hacen falta para corregirla. Con esa información diseña el plan de tratamiento y elige el aparato: brackets, alineadores transparentes u otros dispositivos, según la edad y el caso. Puedes ver cómo lo planteamos en ortodoncia en Valdepeñas.

El logopeda: las funciones de la boca

Valora cómo se respira, cómo se traga, dónde descansa la lengua cuando la boca está en reposo, cómo se usan los labios y cómo se articulan los sonidos. Cuando encuentra un patrón que no es el adecuado, lo trabaja con ejercicios de terapia miofuncional, que enseñan a los músculos de la boca a hacer su función de otra manera. Es el trabajo que hace nuestra logopeda en Valdepeñas.

Los dos enfoques se complementan: la ortodoncia coloca los dientes y la logopedia ayuda a que las funciones de la boca dejen de empujarlos en la dirección contraria.

Cuándo pueden complementarse

Hay situaciones en las que el ortodoncista suele valorar si hace falta logopedia:

  • Respiración por la boca. Respirar habitualmente con la boca abierta cambia la postura de la lengua, que deja de apoyarse en el paladar, y puede influir en el desarrollo de los maxilares.
  • Deglución atípica. Al tragar, la lengua empuja contra los dientes o se coloca entre ellos. Se repite cientos de veces al día y puede contribuir a una mordida abierta o a que los dientes se inclinen hacia delante.
  • Lengua baja o adelantada en reposo. Una lengua que descansa contra los dientes en lugar de en el paladar ejerce presión constante sobre ellos.
  • Dificultades al pronunciar. Algunos sonidos, como la «s», salen con la lengua entre los dientes. A veces se relacionan con la mordida o con la postura de la lengua.
  • Hábitos que se alargan. Chuparse el dedo, el chupete más allá de la edad recomendada o morderse el labio pueden modificar la posición de los dientes.
  • Recaídas tras una ortodoncia. Cuando los dientes vuelven a moverse después de un tratamiento, conviene descartar que un hábito funcional esté detrás.

Ninguna de estas señales significa por sí sola que haya que hacer terapia. Es la valoración la que dice si el patrón influye en el caso y si merece la pena trabajarlo.

Cómo es una valoración coordinada

  1. Revisión de ortodoncia. El ortodoncista estudia la mordida y, si observa signos funcionales, propone la valoración logopédica.
  2. Valoración de logopedia. La logopeda observa la respiración, la deglución, la postura de la lengua y los labios y el habla, y revisa estructuras como el frenillo lingual.
  3. Plan conjunto. Con las dos valoraciones se decide el orden: a veces conviene empezar la terapia antes de poner los aparatos, otras se hace a la vez y otras se refuerza al final, cuando se busca que el resultado se mantenga.
  4. Seguimiento compartido. Los dos profesionales comentan la evolución y ajustan el plan si hace falta.

La terapia miofuncional requiere constancia: los ejercicios se aprenden en consulta y se practican en casa. En los niños, la implicación de la familia ayuda mucho a que el nuevo patrón se automatice.

En niños y en adultos

En la infancia es cuando más se nota el efecto de los hábitos, porque los maxilares todavía están creciendo, y por eso es la etapa en la que más se consulta. Pero los adultos que empiezan una ortodoncia también pueden beneficiarse si respiran por la boca, empujan la lengua al tragar o ya han tenido una recaída.

Logopedia y ortodoncia en Valdepeñas, en la misma clínica

En Izarra Ballesteros contamos con ortodoncia y con logopedia en el mismo centro, en la calle Real, 75, de Valdepeñas. La logopeda, Ana López De la Rosa, y el equipo de ortodoncia comparten la información de cada paciente, lo que facilita decidir juntos el momento de cada tratamiento y no tener que explicar el caso dos veces en sitios distintos.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el ortodoncista me recomienda ir al logopeda?

Porque ha visto algo en la forma de respirar, tragar o colocar la lengua y los labios que puede influir en la posición de los dientes o en la estabilidad del tratamiento. Los aparatos mueven los dientes; la logopedia trabaja la función que los empuja. Si el hábito sigue ahí, los dientes pueden tender a volver a donde estaban.

¿Cómo es la primera visita al logopeda?

Es una valoración sin ejercicios complicados. La logopeda pregunta por los antecedentes y los hábitos, observa cómo respira la persona en reposo, cómo traga, cómo coloca la lengua y cómo pronuncia algunos sonidos, y revisa los labios, la lengua y el frenillo. Al terminar explica lo que ha visto y si conviene hacer terapia, con qué frecuencia y durante cuánto tiempo aproximado.

¿Cómo se coordinan las consultas de logopedia y ortodoncia?

En Izarra Ballesteros la logopeda y el equipo de ortodoncia trabajan en la misma clínica de Valdepeñas y comparten la información de cada caso. Así deciden juntos en qué momento empieza la terapia —antes, durante o después de los aparatos— y se pueden organizar las citas para que encajen entre sí y con el horario de la familia.

Pide una valoración en Valdepeñas

Si el ortodoncista te ha recomendado logopedia, o notas que tu hijo respira por la boca o empuja la lengua al tragar, podemos valorarlo en la clínica, en la calle Real, 75. Llámanos o escríbenos y te damos cita.

Izarra Ballesteros